sábado, 2 de septiembre de 2017

L Del diario de una primeriza De cuentos de la Gertrudis





Cuando tumbada en el lecho
me despojo de los chales,
mostrando con gran pasión
ante ti mis lindos pechos,
con sus rosados puntales
erectos de puro prietos
desnudos mirando al techo,
veo brillar en tus ojos
el delirio y la emoción
de saber sentirte dueño
de los cantaros de miel
donde beberán tus sueños.

Mis ojos descabezando
echan la mirada al suelo
con disimulo buscando
entre tus ropas mozuelo
el bulto del pantalón,
¡que gusto me da mirarlo!
¡ay madre que nervios tengo!
¡ay madre que desazón!
al notar que va aumentando
al ritmo del movimiento
de tu mano en mi calzón
que parece estar ardiendo.


Mis ojos son chiribías
y me tiemblan los molares
jamás en la vida mía
¡vi yo una cosa tan grande!
¿habrá hueco pa´ ponerlo?
¡me sudan ya los ijares!
¡y eso que aún no está dentro!
¡soy canija y poco peso
y miedo, tengo yo miedo
de que vaya a traspasarme!
que estrecha soy yo de cuerpo 
aun siendo de tetas grandes.

¡Ay madre mis pobres muelas!
deja que la muerda un poco
sin dientes que no te duela
hasta que algo se desgaste
y así encontremos el modo
de meterla en la cazuela,
pues si no vaya desastre,
¡me veo las tripas fuera!
algo a mí me va diciendo
que si ha de meterse toda
las pobres tripas huyendo
se me saldrán por la boca.
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Si los escritos nos gustan;
¡qué grandes son los poetas!
pero si pican o asustan;
¡se vayan a hacer puñetas!

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