vídeo canción
De amores y soledades
Soledad fría y sin calma en corazón encubierto,
deja desolada el alma en un triste desconcierto
vacía de todo karma.
Perdida en un desierto sobre las dunas sin velas,
varada en el silencio, solitaria se queda
en agónico tormento, la de aquel que se aleja
del amor y su concierto.
Ardoroso suena en mí, como un coro el dulce eco
de tantos grandes amores, que con sus mágicas notas
van sembrando sentimientos, que florecen en el alma
si la regamos con besos.
Oigo silbar los violines, que muda y en shock me dejan,
azarosa y sin palabra, al ver los grandes amores
que van labrando sin miedos, esas praderas sedientas
de los duros corazones.
Guío mis ojos a la Luna, que en la negra noche mueve,
como plateada rueda su luz que serena llueve,
sobre ti, mi mágica estrella.
Miro enamorada el cielo, de amor y sueños vibrando
ante dos grandes luceros que al alba su luz van dando,
son ellos tus ojos tiernos, que disfrazados de besos
a la pasión van sembrando.
Si vence a la soledad, así de lindo es el amor,
llena el alma de candor y nos ayuda a caminar
en pos de un mundo mejor.
Sola en la inseguridad y siempre llena de dudas,
se muere la soledad, desconociendo al amor
que nunca vio navegar en su alborotado mar,
en donde solo navega el dolor.
Y tiene el alma, un sordo mar de rugidos,
es el corazón, un torreón que se aísla
y el silencio es, un océano de olvidos.
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De amores y soledades
Soledad fría y sin calma
en corazón encubierto,
deja desolada el alma
en un triste desconcierto
vacía de todo karma.
Perdida en un desierto
sobre las dunas sin velas,
varada en el silencio
solitaria se queda
en agónico tormento
la de aquel que se aleja
del amor y su concierto.
Ardoroso suena en mí
como un coro el dulce eco
de tantos grandes amores
que con sus mágicas notas
van labrando los sentidos
que florecen en el alma
si la regamos con besos.
Oigo silbar los violines
que muda y en sohck me dejan,
azarosa y sin palabra,
al ver los grandes amores
que van labrando sin miedos
los más duros corazones.
Guío mis ojos a la Luna
que en la negra noche mueve,
como plateada rueda
su luz que serena llueve,
sobre ti, mi mágica estrella.
Miro enamorada el cielo
de amor y sueños vibrando
ante dos grandes luceros
que al alba su luz van dando,
son ellos tus ojos tiernos
que la pasión van sembrando.
Si vence a la soledad
así de lindo es el amor,
llena el alma de candor
y nos ayuda a caminar
en pos de un mundo mejor.
Sola en la inseguridad,
y siempre llena de dudas
se muere la soledad,
desconociendo el amor
en su alborotado mar
donde navega el dolor.
Y tiene el alma, sordo mar de rugidos,
es el corazón, torreón que se aísla
y el silencio es, un océano de olvidos.
en corazón encubierto,
deja desolada el alma
en un triste desconcierto
vacía de todo karma.
Perdida en un desierto
sobre las dunas sin velas,
varada en el silencio
solitaria se queda
en agónico tormento
la de aquel que se aleja
del amor y su concierto.
Ardoroso suena en mí
como un coro el dulce eco
de tantos grandes amores
que con sus mágicas notas
van labrando los sentidos
que florecen en el alma
si la regamos con besos.
Oigo silbar los violines
que muda y en sohck me dejan,
azarosa y sin palabra,
al ver los grandes amores
que van labrando sin miedos
los más duros corazones.
Guío mis ojos a la Luna
que en la negra noche mueve,
como plateada rueda
su luz que serena llueve,
sobre ti, mi mágica estrella.
Miro enamorada el cielo
de amor y sueños vibrando
ante dos grandes luceros
que al alba su luz van dando,
son ellos tus ojos tiernos
que la pasión van sembrando.
Si vence a la soledad
así de lindo es el amor,
llena el alma de candor
y nos ayuda a caminar
en pos de un mundo mejor.
Sola en la inseguridad,
y siempre llena de dudas
se muere la soledad,
desconociendo el amor
en su alborotado mar
donde navega el dolor.
Y tiene el alma, sordo mar de rugidos,
es el corazón, torreón que se aísla
y el silencio es, un océano de olvidos.
En su pequeña ciudad costera, donde el susurro del mar se entrelazaba con el viento, Berta caminaba por la playa al anochecer. Era un ritual que había adoptado, un refugio donde las olas podían cantar las melodías de tiempos pasados.
La luz plateada de la luna se reflejaba en las aguas oscuras, y era en este paisaje, tan familiar y al mismo tiempo tan lejano, donde su alma navegaba entre el dolor y la nostalgia.
Berta se sentía como una navegante perdida en un vasto océano de recuerdos. Sus días estaban infundidos con el eco de un amor que había sido todo para ella, un amor que ahora parecía desvanecerse como las sombras al caer la noche.
Se sentaba sobre las frías dunas, su alma desolada, mientras el viento acariciaba su rostro como un susurro olvidado. El desierto de su soledad se extendía ante ella, donde las risas y las caricias se habían marchado para nunca regresar.
Recordaba a Marcos: su risa profunda, su mirada intensa, y aquellas noches llenas de promesas bajo el cielo estrellado. Cada beso había sido un pacto de amor que la envolvía en calidez, como un abrigo en medio del invierno más cruel.
Ahora, sin él, cada latido parecía resonar en el vacío; su corazón, una torre aislada en medio de un sordo mar de rugidos. La soledad la abrazaba, fría y despiadada, y cada día se sentía más desprovista del karma que antes había llenado su existencia.
Mientras observaba el horizonte, los violines surgían en su mente. Eran melodías que flotaban en el aire, como ecos de grandes amores que habían dejado una huella en su ser. Su alma anhelaba la musicalidad de aquellos días, cuando cada instante vibraba con la pasión de la vida.
Pero su corazón, ahora endurecido por el dolor, se sumergía aún más en el silencio, un océano de olvidos donde cada ola arrastraba consigo otra parte de su esencia.
Berta alzó la vista hacia la luna, su mágica estrella. La contemplaba con ternura, como si pudiera sentir la calidez que una vez brotó de aquellos ojos llenos de amor. La luz serena se derramaba sobre ella, y por un instante, el peso del mundo parecía aligerarse.
La luna, testigo de sus amores y desamores, le guiñaba un ojo con una promesa de esperanza.
Pero, a pesar de la serenidad nocturna, la inseguridad la acompañaba. La soledad se enredaba en su pecho, ahogando la fragilidad de sus esperanzas. Miraba al mar, ese vasto abismo que parecía devorar sus sueños, y se preguntaba si alguna vez podría volver a amar.
La idea la aterraba; el amor, con sus dulces promesas y sus ardorosos ecos, también había sido causa de su tormento. Era un juego arriesgado que temía volver a jugar.
Con cada paso en la arena, Berta sentía que el tiempo se detenía, y a lo lejos, el murmullo de las olas se tornaba en un canto. Un canto de amor y soledad, de esperanza y desconsuelo. Con el corazón en un hilo, buscaba respuestas en las estrellas, anhelando el calor que había perdido.
Pero en su pecho había una verdad que no podía ignorar: la soledad era un recuerdo de lo que había sido, y solo el amor podría llenarla una vez más, como las olas que besaban la orilla.
Y así, en la penumbra de la noche, Berta se levantó, inspirando profundamente la brisa salina que traía consigo el aroma del pasado. Tal vez, en su búsqueda entre las sombras y los recuerdos, encontraría de nuevo la valentía de amar.
Tal vez, un día, podrá compartir sus abrazos y sus risas, y la soledad que hoy la agobiaba se disolvería en aquel océano de recuerdos, dejándola libre para construir su nueva historia, una historia donde el amor y la luz se entrelazaran una vez más.
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De amores y soledades
(intro)
Es la soledad oscura y helada
y en corazón de amor sediento
deja desolada el alma...
en un triste desconcierto
vacía de todo karma.
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Y tiene el alma,
un sordo mar de rugidos,
es el corazón,
un torreón que se aísla
y el silencio es... un océano de olvidos.
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(preeestribillo)
Solo vence a la soledad
la pureza del amor,
llena el alma de candor
y nos ayuda a caminar...
en pos de un mundo mejor.
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(estribillo)
Perdida en un desierto
sobre las dunas sin velas,
varada en el silencio
y solitaria se queda
en agónico tormento...
el alma de quien se aleja
del amor y su concierto.
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(verso1)
Cuando el amor se acerca,
ardoroso suena en mí,
como un coro el dulce eco,
de esos grandes amores...
...
que con sus mágicas notas
van labrando los sentidos
que florecen en el alma...
si la regamos con besos
desde el ocaso hasta el alba...
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(verso2)
Y la soledad se aleja
mientras silban los violines
que muda y en sohck me dejan...
y azarosa y sin palabras,
al ver los grandes amores
que van labrando sin miedos...
los más duros corazones
para sembrarlos de besos...
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(preeestribillo)
Solo vence a la soledad
la pureza del amor,
llena el alma de candor
y nos ayuda a caminar...
en pos de un mundo mejor.
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(estribillo)
Perdida en un desierto
sobre las dunas sin velas,
varada en el silencio
y solitaria se queda
en agónico tormento...
el alma de quien se aleja
del amor y su concierto.
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(outro)
Sola en la inseguridad,
y siempre llena de dudas
morirá la soledad,
cuando penetre el amor
en su alborotado mar...
donde navega el dolor.....
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