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viernes, 11 de noviembre de 2022

10 Reflejo de luna Luz de luna .

  •  



  • vídeo canción

  • Reflejo de luna


  • Con un reflejo de luna
  • llegó hasta mí tu sonrisa,
  • fue como un soplo de brisa
  • que acrecentó mi soñar.
  • Desde aquel día te llevo
  • en mi corazón grabado
  • y aunque tú hayas olvidado
  • yo nunca podré olvidar.

  • Las olas se van y vienen
  • al igual que los recuerdos,
  • y no habrá poetas cuerdos
  • que las puedan bloquear.
  • Por eso, mi amor, te digo,
  • que por mucho que me duela
  • no he de plegar yo la vela
  • que me acerque hasta tu mar.

  • Aunque, si el ayer volviera
  • nunca sería lo mismo,
  • media entre nos un abismo
  • muy difícil de salvar.
  • Los años me doblegaron,
  • mi pecho de miedo estalla
  • al ver de frente la valla
  • que no podemos saltar.

  • Se nos puso cuesta arriba
  • pero la fe no la pierdo,
  • que siento en mi lado izquierdo
  • un sentimiento brotar.
  • Y veo en el horizonte
  • una luz que me ilusiona
  • pues el amor no abandona
  • a quien le sabe aguardar.

  • A mis ojos vuelve el brillo
  • y una esperanza me alerta,
  • que el postigo de tu puerta
  • se quedó a medio cerrar.
  • Y quien sabe si algún día
  • decidas de nuevo abrirme,
  • por eso no he de rendirme
  • y otra vez vuelvo a soñar.

Pero me miento a mí misma,
sin ti, vivir ya no puedo
en los recuerdos me enredo
hasta ponerme a llorar.
Perdió el reflejo la luna
o su luz ya no me alcanza
y ya no tengo esperanza
ni fuerzas para luchar.

Berta se sentó en la orilla del mar, sus pies descalzos hundiéndose en la arena fría mientras las olas rompían suavemente a su alrededor. Cada vez que el agua regresaba al océano, traía consigo sus recuerdos, como si el mar supiera el secreto de su corazón.

 Ella miró al horizonte, donde el cielo se encontraba con el agua en un abrazo distante. La luna, en su esplendor plateado, reflejaba la tristeza que pesaba en su pecho, una tristeza tan profunda que la hacía sentir que el mundo a su alrededor se desvanecía.

Aquel día en que conoció a Marcos había sido un día como ninguno. Un susurro entre las olas, una sonrisa que había encendido su alma. Su risa era un río de luz; un soplo de brisa que le recordaba que aún había magia en la vida. 

Desde aquel instante decisivo, ella lo llevó inscrito en cada rincón de su ser, aunque sabía que la memoria es traicionera y, con el tiempo, uno se aleja de lo que ama. Berta sintió que su corazón se encogía con el simple pensamiento de que él podía haberla olvidado, mientras ella permanecía anclada al pasado, un barco hundido en la tormenta de la melancolía.

Las olas seguían su danza interminable, como una sinfonía trágica que tocaba las notas de su alma. Se cerró en su propio mundo de recuerdos, maldiciendo su incapacidad para dejar ir. No había poetas cuerdos que pudieran entender la tristeza que la abrumaba ni palabras que pudieran enredar la esencia de lo que había vivido con él. 

El amor era un tejido frágil, y ella, un extraño en su propio corazón. A veces, se encontraba cerca del abismo que los separaba, sintiendo el terror de enfrentarse a la distancia que había crecido entre ellos como una sombra impenetrable.

Los años la habían cambiado, había aprendido a vivir con una tristeza que se volvía su compañera más fiel. Sus ojos, alguna vez brillantes con la luz del amor, ahora estaban velados por una nostalgia que la perseguía a cada instante. 

Berta dejó escapar un suspiro ahogado como las olas que se desvanecían en la arena, casi deseando que el tiempo pudiera devolverle aquel instante perdido, aunque en el fondo sabía que nunca podrían ser lo mismo. Ese instante se había disuelto en un soplo de viento, llevándoselo todo como un eco lejano.

Justo cuando más pensaba en la soledad, una chispa de esperanza se encendió en su interior. Tal vez, algún día, el destino les permitiría volver a encontrarse. Su corazón latía con fuerza en su lado izquierdo, como si, a pesar de todo, un amor antiguo seguía brotando en silencio, intentando resistir. 

Pero cada vez que se aferraba a esa ilusión, la realidad le respondía con una risa amarga; el postigo de su puerta seguía medio cerrado, un obstáculo que la mantenía alejada de su anhelo más profundo.

Sola en la orilla, contemplando aquel reflejo de luna que ya no la guiaba, Berta comprendió que había momentos en los que el brillo se apaga. Sin él, vivir se sentía como un laberinto sin salida; sus recuerdos la atrapaban, transformándose en la niebla que la mantenía cautiva en su propia tristeza. 

La luna, aunque resplandeciente en el cielo, parecía distante y fría, como un faro que ya no iluminaba su camino. En su corazón, la esperanza se desvanecía lentamente, dejándola sin fuerzas para continuar la lucha. 

Y allí, en la arena fría, dejó escapar una lágrima, un adiós silencioso a un amor que, aunque inalcanzable, había dejado huella en su ser
dejándola sin esperanzas ni fuerzas para luchar .

  • Verso 1
  • Con un reflejo de luna
  • llegó hasta mí tu sonrisa,
  • fue como un soplo de brisa
  • que acrecentó mi soñar.
  • Desde aquel día te llevo
  • en mi corazón grabado
  • y aunque tú hayas olvidado
  • yo nunca podré olvidar.
Verso 2
Las olas se van y vienen
  • al igual que los recuerdos,
  • y no habrá poetas cuerdos
  • que las puedan bloquear.
  • Por eso, mi amor, te digo,
  • que por mucho que me duela
  • no he de plegar yo la vela
  • que me acerque hasta tu mar.
Estribillo
Pero me miento a mí misma,
sin ti, vivir ya no puedo
en los recuerdos me enredo
hasta ponerme a llorar.
Perdió el reflejo la luna
o su luz ya no me alcanza
y ya no tengo esperanza
ni fuerzas para luchar.


Coros
  • Aunque, si el ayer volviera
  • nunca sería lo mismo,
  • media entre nos un abismo
  • muy difícil de salvar.
  • Los años me doblegaron,
  • mi pecho de miedo estalla
  • al ver de frente la valla
  • que no podemos saltar.
Verso 3
  • Se nos puso cuesta arriba
  • pero la fe no la pierdo,
  • que siento en mi lado izquierdo
  • un sentimiento brotar.
  • Y veo en el horizonte
  • una luz que me ilusiona
  • pues el amor no abandona
  • a quien le sabe aguardar.

  • Puente
  • A mis ojos vuelve el brillo
  • y una esperanza me alerta,
  • que el postigo de tu puerta
  • se quedó a medio cerrar.
  • Y quien sabe si algún día
  • decidas de nuevo abrirme,
  • por eso no he de rendirme
  • y otra vez vuelvo a soñar.
Estribillo
Pero me miento a mí misma,
sin ti, vivir ya no puedo
en los recuerdos me enredo
hasta ponerme a llorar.
Perdió el reflejo la luna
o su luz ya no me alcanza
y ya no tengo esperanza
ni fuerzas para luchar.

lunes, 19 de septiembre de 2022

11 Silencio Cae la nieve 11 sigue nevando





vídeo canción

Silencio

El silencio,
ya me atrapó entre sus redes,
la nostalgia echó su manto
sobre mis ajadas carnes.
Saltimbanquis coloridos
se entretienen dando saltos
en danza sobre mi vientre,
mientras juegan los recuerdos
sobre mi pecho a los dardos.

En la calle está nevando.
En los tejados sin gatos
ya se acumula la nieve.
Y ya se desborda el llanto
por los arcos de mis cejas.
Y a la nieve le pregunto,
para ver que me responde.

¿Por qué, dime tú por qué?
¿Por qué yo... le quise tanto?
Pero nadie me contesta
y afuera... sigue nevando.

  • Berta se sentó en el viejo sillón de la sala, el lugar donde tantos recuerdos habían dejado sus huellas imborrables. La temperatura había caído, y el aire frío se colaba por las ranuras de las ventanas, trayendo consigo una profunda sensación de soledad que la envolvía como una manta helada. Afuera, los copos de nieve danzaban en un silencio muelle, cubriendo la ciudad con un suave abrigo blanco, en el que cada sonido parecía extinto.

  • El silencio era lo único que permanecía a su lado, una compañía tan pesada y omnipresente que parecía tener vida propia. Berta cerró los ojos y se dejó llevar por un torrente de pensamientos que la arrastraban, como hojas secas en una tormenta de otoño. La nostalgia la abrazaba, envolviéndola en un manto espeso que la hacía sentir más frágil que nunca. A través de la película de su memoria, las imágenes de risas pasadas se entrelazaban con la sombra de lo que había sido y ya no podía ser.

  • Las tres sillas de la mesa estaban vacías, un eco de los días en que la casa retumbaba con las vivencias compartidas. Había una vez un hogar repleto de risas, de diálogos animados y de sueños construidos, pero ahora el eco de esas voces se perdía en el vacío, dejando un frío helado en su interior.

  • Mientras miraba por la ventana, observó cómo la nieve se acumulaba en los tejados, formando un manto uniforme que cubría todo rastro de vida. La imagen era poética y dolorosa a la vez. Era como si el invierno hubiera decidido silenciar todo lo que había sido, como si cada copo de nieve quisiera borrar la memoria de aquel amor que había sido su refugio, su luz, y que ahora se desvanecía en el silencio.

  • ¿Por qué, dime tú por qué? susurró Berta al aire, aunque sabía que no había respuesta. La nieve seguía cayendo, indiferente, y ella sentía el llanto ahogándose en su pecho mientras las lágrimas se desbordaban por los arcos de sus cejas, comenzando un camino helado por sus mejillas.

  • Un rayo de luz iluminó su corazón en la penumbra, y con él, un recuerdo: las noches en que se acurrucaban bajo las mantas, compartiendo sueños y secretos, pero esa luz era escasa y fugaz, como un destello en la noche. Todo lo que una vez había sido vibrante en su vida, ahora se desvanecía con cada nuevo copo que veía caer a través de los cristales.

  • La mente de Berta giraba en espiral, atrapada entre el deseo de recordar y la necesidad de olvidar. Los saltimbanquis coloridos de su infancia ya no danzaban en su vientre, y los recuerdos, en lugar de ser dulces caricias, se convertían en dardos que le atravesaban el corazón. La soledad se sentía inmensa en cada rincón, y el silencio se adueñaba de su ser, un silencio que sabía a despedida.

  • Se quedó allí, en su mundo de sombras y ecos, mientras la nieve cubría la ciudad, su alma enredada entre las redes del silencio, añorando el amor perdido y la calidez de una risa que ya no llegaría. ¿Por qué yo... le quise tanto?, se preguntó nuevamente. Pero la nieve caía, y la respuesta se deslizaba en el viento, indiferente, como el eco de su voz.
----------
Cae la nieve, cubriendo todo con su manto blanco, como un susurro helado que envuelve el paisaje en un extraño silencio. La tarde se cierne sobre el pueblo, y en cada copo que desciende, en cada ráfaga de viento gélido, siento el vacío que dejas al no estar aquí. Los árboles, cargados de nieve, parecen llorar en la penumbra, y yo, atrapada en el inhóspito abrazo de la soledad, aguardo tu llegada que nunca llegará.

Cae la nieve, y mi corazón está de luto. Mis pensamientos son como un cortejo de lágrimas blancas que se deslizan por mis mejillas, acompañando al canto lejano de un pájaro que parece entender la tristeza que embarga mi alma. Su trino revela las penas que guardo, esas que tú supiste ver y comprender a la perfección. Pero hoy, no vendrás; no habrá tus risas, ni el calor de tu abrazo que ahuyente el frío.

Sé que no volverás, y me inunda la desesperación. Las horas parecen deslizarse, pesadas, como los copos que caen del cielo, y el reloj se ha convertido en mi peor enemigo. Cada tictac resuena como un recordatorio implacable de tu ausencia, marcando el compás de una tristeza que crece desmesuradamente. Me aferro con fuerza a la esperanza, pero la incertidumbre se cierne como un nubarrón oscuro, oscureciendo todos mis pensamientos.

¡Oh, Dios! ¡Oh, silencio! Me abandono a la impotencia que me abruma, y el mundo exterior se difumina en un remolino de blanco y gris. La nieve se acumula, cubriendo mis huellas, ocultando el camino que lleva hacia ti. Solo puedo escuchar el silencio que me rodea, un eco de lo que soy sin ti, y cada susurro del viento lleva consigo el peso de mi tristeza.

Sé que no debo desesperar. Aún así, anhelo tu sonrisa, el brillo en tus ojos que ilumina mi vida, pero este invierno parece eterno, y yo estoy sola, aquí, sumida en una espera sin fin. Miro por la ventana, viendo cómo el mundo se adormece bajo la nieve mientras yo me enfrento a la desolación. Cada copo que cae es un recordatorio de todo lo que hemos perdido; cada rayo de luz que se filtra entre las nubes es un suspiro de lo que podría haber sido.

La realidad se vuelve cruda, y el frío me envuelve más que nunca. Y así, en esta tarde que se arrastra eternamente, me pregunto si alguna vez volverás, si la primavera traerá consigo el calor de tu amor. Pero mientras cae la nieve, el silencio persiste, y yo permanezco aquí, con la esperanza marchita y el corazón pesado, esperándote en esta fría tarde de invierno, aunque sé que no vendrás.


Verso 1
Un silencio agobiante
me atrapó entre sus redes,
la nostalgia echó su manto
sobre mis ajadas carnes.

Coros
Saltimbanquis coloridos
se entretienen dando saltos
en danza sobre mi vientre,
mientras juegan los recuerdos
sobre mi pecho a los dardos.

Estribillo
¿Por qué, dime tú por qué?
¿Por qué yo... le quise tanto?
Pero nadie me contesta
y afuera... sigue nevando.

Puente
En la calle está nevando.
En los tejados sin gatos
ya se acumula la nieve
y a la nieve le pregunto
por qué tú... ya no me quieres.

Coros
Ya se desborda el llanto
por los arcos de mis cejas.
Y a la nieve le pregunto,
para ver que me responde.

Estribillo
¿Por qué, dime tú por qué?
¿Por qué yo... le quise tanto?
Pero nadie me contesta
y afuera... sigue nevando.

¿Por qué, dime tú por qué?
¿Por qué yo... le quise tanto?
Pero nadie me contesta
y afuera... sigue nevando.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

13 Suspiros 14 Ausencias




vídeo canción

  • Suspiros

  • Ahíta de melancolía
  • salí a buscar al Amor,
  • pregunté donde vivía
  • pero nadie respondió,
  • pues nadie le conocía 
  • ni supo darme razón.

  • Desesperada busqué
  • por la tierra el mar y el cielo,
  • nadie supo darme fe.
  • Con terrible desconsuelo
  • destrozada me quedé
  • sin poder alzar el vuelo.

  • De golpe sentí el furor
  • de verme en el mundo sola,
  • que la vida sin amor
  • es como una caracola
  • sin música en su interior
  • ni el murmullo de las olas.

  • ¡Cuánto por tener, yo diera, 
  • al amor siempre de cara!
  • Acurrucado a mi vera,
  • obediente a mi llamada,
  • sin montar la escandalera
  • que monta cuando se enfada.

  • Ay, si el amor me quisiera
  • como yo le quiero a él
  • y a besos me recorriera
  • cada palmo de la piel.
  • Y yo montarme pudiera
  • a grupas de su corcel.

  • Y, ay mi amor, si tú supieras
  • que son para ti estos versos,
  • que llevan en sí la esencia
  • cargada del sentimiento,
  • de un alma que aún recuerda
  • el aroma de tus besos. 

Berta caminaba por la orilla del mar, sus pies descalzos sumergidos en la espuma de las olas que venían y se llevaban sus recuerdos, como si el océano quisiera borrar la memoria de aquellos días felices. 

La brisa marina acariciaba su rostro, pero no podía ahogar el susurro del dolor que llevaba en su pecho. Miraba la línea del horizonte, donde el cielo se encontraban con el agua, preguntándose si ahí, en ese lugar tan distante, podría estar el amor que una vez conoció.

Marcos también estaba presente, aunque no de la forma en que ambos querían. Sus risas solían resonar en la playa, creando melodías que competían con el murmullo de las olas. 

Pero eso no era más que un eco distante, ahora perdido en el tiempo. Recordaba su voz, suave como el viento, sus palabras entrelazadas con promesas que se desvanecieron con la misma facilidad con la que se disipan las nubes.

Sin poder evitarlo, Berta se dejó llevar por la tristeza. Con cada paso que daba en la arena, el pasado la abrazaba, dándole calor y al mismo tiempo desgarrándole el alma. ¿Dónde había quedado el amor que la inundaba de alegría? 

Buscó su esencia en cada rincón del universo, interrogando cada estrella en el cielo, cada ola que rompía a sus pies, cada soplo de viento. Pero su búsqueda siempre estaba teñida de desilusión. Porque, ¿quién conoce al amor si no es a través de aquellos que han amado?

Ahíta de melancolía, recordó una tarde dorada en la que Marcos, con sus ojos brillantes como el sol, le había prometido que siempre estarían juntos, que el amor no era un simple juego, sino la más sincera de las realidades. 

Sin embargo, la vida tiene formas crueles de jugar con los corazones, y aquel amor que prometía ser eterno se convirtió en un suspiro perdido entre la bruma del tiempo.

¿Dónde estás, amor mío? se preguntó Berta en voz alta, esperando que el viento le trajera alguna respuesta. La soledad que la rodeaba era como una caracola vacía, sin música, sin vida. Era un eco de lo que una vez había sido su mundo. Si tan solo Marcos supiera cuánto lo añoraba, cómo su ausencia se había transformado en un vacío palpable que la seguía a todas partes.

Cada vez que intentaba recordar sus besos, su risa, su toque, sentía que el peso del pasado le oprimía el pecho, recordándole lo que había perdido. ¡Cuánto por tenerte daría!, pensaba, reviviendo aquellos momentos en los que caminaban juntos, riendo, compartiendo sueños. 

Pero esos días de inocente alegría solo eran una sombra, una ilusión que se desvanecía con cada amanecer.

Exhalando un suspiro cargado de tristeza, Berta comprendió que el amor, para ella, se había convertido en un artilugio del destino, uno que la había dejado sola en la inmensidad del mar. 

Y, aunque en su corazón aún habitaba un pequeño rincón reservado para Marcos, se dio cuenta de que el amor verdadero no siempre se queda, a veces solo muestra su esplendor para luego desvanecerse en la neblina del recuerdo.

En la playa, el sol comenzaba a ocultarse, pintando el cielo de colores apagados, reflejando la melancolía que habitaba en su alma. No había respuestas ante sus preguntas, solo el murmullo de las olas y el vago deseo de que el amor que tan profundamente añoraba pudiera, al menos por un momento, regresar a su vida.

Y así, Berta, con el corazón frágil, dio la vuelta y se alejó de la orilla, llevando consigo la esperanza de que algún día el amor volvería a llamarla, aunque en ese instante, el eco de su ausencia resonaba más fuerte que cualquier promesa.

---------------------------------

arreglos


  • Suspiros

  • (intro)
  • Harta de la soledad
  • y llena de melancolía
  • salí a buscar al Amor.
  • .
  • Pregunté donde vivía
  • pero nadie respondió,
  • nadie le conocía 
  • ni supo darme razón.
  • (verso1)
  • Desesperada busqué
  • por la tierra el mar y el cielo,
  • nadie supo darme fe.
  • .
  • Con terrible desconsuelo
  • destrozada me quedé
  • sin poder alzar el vuelo.
  • (estribillo)
  • ¡Cuánto por tener, yo diera, 
  • al amor siempre de cara!
  • Acurrucado a mi vera,
  • obediente a mi llamada,
  • sin montar la escandalera
  • que monta cuando se enfada.
  • (verso2)
  • De golpe sentí el furor
  • de verme en el mundo sola,
  • que la vida sin amor
  • es como una caracola
  • sin música en su interior
  • ni el murmullo de las olas.
  • (estribillo)
  • ¡Cuánto por tener, yo diera, 
  • al amor siempre de cara!
  • Acurrucado a mi vera,
  • obediente a mi llamada,
  • sin montar la escandalera
  • que monta cuando se enfada.
  • (puente)
  • Ay, si el amor me quisiera
  • como yo le quiero a él
  • y a besos me recorriera
  • cada palmo de la piel.
  • Y yo montarme pudiera
  • a grupas de su corcel.
  • (outro)
  • Ay mi amor, si tú supieras
  • que son para ti estos versos.
  • .
  • Que llevan en sí la esencia
  • cargada del sentimiento,
  • de un alma que aún recuerda
  • el aroma de tus besos. 

viernes, 29 de julio de 2022

12 Formas y colores Relojes.12





vídeo canción

Formas y colores
  • Las formas y los colores
  • del mundo que me rodea
  • son tantos y tan diferentes
  • que yo me quedo traspuesta
  • observando amaneceres
  • desde mi ventana abierta.

  • Veo batirse por los cielos
  • círculos, cuadrados 
  • y triángulos redondos, 
  • ovalados y rectangulares
  • azules, verdes, amarillos,
  • rojos, blancos, negros, 
  • chinos, violetas y gratis.

  • Hacen crujir a mis dientes
  • esas formas y colores
  • del mundo que me rodea,
  • son siempre tan diferentes
  • que a mis sueños los marean.

  • Y esas nubes pasajeras,
  • que mean por donde pisan,
  • sacan de mí un gran gemido
  • al ver como se me rizan
  • los pelicos del chumino,
  • que se arrugan y tiritan
  • por miedo a esos verracos
  • que desde el pulpito gritan:
  • ¡Morirás por tus pecados!

  • Y aquí seguimos jugando
  • a la gallinita ciega
  • y le voy a dar un tortazo
  • a Juanico el de la Pepa,
  • con la escusa de no ver,
  • me está sobando las tetas
  • mientras el cielo dibuja
  • formas de mil colores
  • bajo una luna escarlata.

  • También vamos a jugar, 
  • al corro de la pazguata,
  • a la comba salta Juan,
  • a mí me mordió la gata.
  • y mañana os contaré
  • las aventuras sin par
  • del bicho de la patata.
  • Luces y colores.

  • Hubo un tiempo en que los relojes eran mudos y no marcaban las horas, las puertas abrían hacia mundos alternos y la ventana de la habitación de Berta era el umbral a lo insólito. Desde allí, con los ojos entrecerrados y la mente desbordante de colores, contemplaba el amanecer como un pintor que apenas conoce la paleta. Las formas danzaban al son de una melodía que parecía salir de las nubes, con un ruido sutil que iba más allá de los sonidos diurnos que producen las motos sin tubo de escape que suelen pasar cuando nos dejamos la ventana abierta.

  • Un momento de un color entre gris y verdoso, y una esfera azul, del tamaño de un sol imaginario, emergió de entre los círculos y triángulos, chillándole al de la moto, que era un sapo con un solo ojo que parpadeaba con desdén, y de su pupila brotaron rayos de colores: un verde melódico, un amarillo de risa tonta, un rojo gritando verdades prohibidas, tanto que Berta  se quedó traspuesta, empapándose de esa danza geométrica, mientras las nubes, con su aspecto efímero, se alineaban en figuras retóricas, formando orquestas visuales que meaban por donde pisaban, como si el cielo pidiese disculpas por lo  arquetípico y vulgar de la situación.

  • De repente, el cielo comenzó a arrugarse y las nubes se convirtieron en un ejército de pelillos flotando alrededor del sobaco, arrugando la piel de los sueños de todos los duendes que se comen los recuerdos. Entre los murmullos del viento, Marcos  apareció, vestido con un disfraz de cebra y con una máscara de pez, que le daba un aire de autoridad indiscutible. Se coló en la escena mientras grandes gritos resonaban desde un pulpito gigante hecho de esponjas y tejido de risas. ¡Morirás por tus pecados!, resonó la voz de un verraco, que deambulaba entre los asistentes con un armazón de globos que parecía a punto de estallar.

  • Berta, aún atrofiada por la confusión, rio y se unió a los juegos. El rincón se transformó en un parque de atracciones surrealistas donde todos eran gallinitas ciegas y coros de betuneros untando de carmín las alpargatas. Las carcajadas se mezclaban con los crujidos de los dientes de los espectadores, temerosos de morderse la realidad por error.

  • ¡Alguien me mordió las nalgas !, gritó una voz sin dueño, mientras una luna escarlata sonreía tímidamente desde el horizonte. En ese rincón de locura, una pesadilla disfrazada de recuerdo, contaba sus aventuras, dibujando con sus tentáculos formas de frutas y sueños perdidos. Era un narradora compulsiva, gaseosa y llena de energía, que transformaba el aire en historias inaudibles.

  • Así se tejía el día, entre risas absurdas y criaturas que se desdibujaban. Mientras Berta miraba por su ventana, comprendía que los colores, las formas y la música que la rodeaban no eran más que la distorsión de su propia esencia. Estaba atrapada en un mundo donde lo surrealista se convertía en lo cotidiano, y donde cada amanecer solo era una invitación a perderse en la locura de su propia imaginación.

  • Y así, en un rincón de su mente, la realidad y el sueño se abrazaban, bailando una danza eterna, mientras las formas y los colores seguían jugando con amasijos de relojes rodeados de luz y risas.

  • -------------------
Formas y colores
(intro)
  • Las formas y los colores
  • del mundo que me rodea
  • son tantos y tan diferentes
  • que yo me quedo traspuesta.
  • Observando amaneceres
  • desde mi ventana abierta.
  • ...
  • (verso1)
  • Veo batirse por los cielos
  • círculos, cuadrados 
  • y triángulos redondos,
  • ovalados y rectangulares.
  • ...
  • azules, verdes, amarillos,
  • rojos, blancos, negros, 
  • chinos, violetas y gratis.
  • ...
  • (estribillo)
  • Hacen crujir a mis dientes
  • esas formas y colores
  • del mundo que me rodea.
  • ...
  • Son siempre tan diferentes
  • que a mis sueños los marean.
  • ...
  • (verso2)
  • Y esas nubes pasajeras,
  • que mean por donde pisan,
  • sacan de mí un gran gemido
  • al ver como se me rizan
  • los pelicos del chumino.
  • ...
  • Que se arrugan y tiritan
  • por miedo a esos verracos...
  • que desde sus egos gritan:
  • ¡Morirás... por tus pecados!
  • ...
  • (verso3)
  • Mientras tanto aquí seguimos
  •  jugando a la gallina ciega,
  • y le voy a dar un tortazo
  • a Juanico el de la Pepa.
  • ...
  • Con la escusa de no ver
  • me está sobando las tetas.
  • ...
  • Mientras el cielo dibuja
  • formas de mil colores
  • bajo una luna escarlata.
  • ...
  • (outro)
  • También vamos a jugar
  • al corro de la pazguata.
  • ...
  • A la comba salta Juan,
  • a mí me mordió la gata.
  • ...
  • Y mañana os contaré,
  • las aventuras sin par...
  • del bicho... de la patata.

domingo, 20 de septiembre de 2020

14 Me rindo inseguridad El horizonte



  • Me rindo

  • A tu desprecio me rindo, ya no sé que más decir,
  • pero creo debes oír; que por ti, bajé del guindo.

  • Me muero por ti de amor y veo que no lo entiendes,
  • creo amor que no comprendes, que me inflamo con ardor.
  • Qué tan solo con tu olor ya mi carne se derrite
  • y busco que alguien me quite, ese picor que atormenta
  • mi mente calenturienta, que precisa, de tu envite.

  • Aspiro romper las dunas, esas que no rompe el viento
  • y me atosigan el alma, hasta robarme el aliento,
  • sin permitirme alcanzar, la raya del horizonte
  • por el que pueda escapar, buscando una nueva senda,
  • que le devuelva la fe, a esta alma mía, tan negra,
  • que ya no sabe por qué, sigue viva... y no está muerta.


  • A tu desprecio me rindo,
  • ya no sé que más decir,
  • pero creo debes oír
  • que por ti, bajé del guindo.

  • Me muero por ti de amor
  • y veo que no lo entiendes,
  • creo amor que no comprendes
  • que me inflamo con ardor.
  • Qué tan solo con tu olor
  • ya mi carne se derrite
  • y busco que alguien me quite
  • ese picor que atormenta
  • mi mente calenturienta
  • que precisa de tu envite.

  • Aspiro romper las dunas,
  • esas que no rompe el viento
  • y me atosigan el alma
  • hasta robarme el aliento,
  • sin permitirme alcanzar
  • la raya del horizonte
  • por el que pueda escapar
  • buscando una nueva senda
  • que le devuelva la fe
  • a esta alma mía tan negra
  • que ya no sabe por qué
  • sigue viva y no está muerta.
..................

Berta y Marcos caminaban por la playa, el aire salino acariciaba sus rostros y llenaba sus pulmones con un sabor a nostalgia. Habían sido inseparables desde la infancia, pero hacía tiempo que las sombras de un silencio incómodo les separaban más de lo que ellos deseaban admitir.

Berta miraba el mar con ojos perdidos, recordando momentos felices que se sentían lejanos y desdibujados. Había querido decírselo tantas veces: su cariño, su deseo, su tormento. Pero las palabras parecían desvanecerse, ahogadas por el miedo al rechazo. Esa tarde, el eco de sus pensamientos resonaba más fuerte que el rugido de las olas.

A tu desprecio me rindo, murmuró Marcos, como si leyera su mente. Se detuvo y giró hacia ella, con una tristeza palpable en su voz. Ya no sé qué más decir, pero creo que debes oírlo. Por ti, dejé mis sueños y caí en este abismo sin final.

Berta sintió que el corazón le golpeaba fuerte en el pecho. ¿Qué quieres que entienda, Marcos? Su voz temblaba mientras buscaba la manera de expresar lo que sentía. ¿Qué debo comprender de este amor que arde y que nos consume sin darnos tregua Me muero por ti, y veo que no lo entiendes.

Marcos la miró fijamente, el destello de su amor oculto brillando entre las sombras de la melancolía. Creo, amor, que mi ardor no te ha llegado. Me inflamo por ti, pero temo que tú no sientas lo mismo… Era como si unas cadenas invisibles los mantuvieran cautivos en un ciclo doloroso de inseguridad.

El aire cargado de incomunicación se volvió denso entre ellos. Solo con tu olor, mi carne se derrite, continuó él, su voz un hilo de desesperación. Pero busco a alguien que me quite estas dudas que atormentan mi mente. ¿Acaso no ves la tormenta que llevamos dentro?

Berta sintió un leve temblor de esperanza en su pecho, como si una luz pequeña comenzara a asomarse entre la penumbra. Aspiro a romper las dunas de nuestra indiferencia, confesó. Esas que el viento no puede deshacer, pero que me asfixian el alma.

Marcos extendió su mano hacia ella, la palma abierta, un puente tender hacia lo desconocido. ¿Y si escapamos de todo esto? preguntó. ¿Y si nos proponemos alcanzar la raya del horizonte juntos, buscando una nueva senda que nos devuelva la fe?

Ella miró su mano, la tuvo entre las suyas y sintió que algo se desataba dentro de ella, como el tronar de un rayo en una tormenta. Esa oportunidad, esa promesa de dejar atrás los temores y los rencores atrapados, era su salvación. 

Quizás, solo quizás, esta alma negra que tengo dentro necesita de ti para volver a vivir, dijo Berta, con la voz entrecortada y la esperanza brotando como una flor en medio de la adversidad.

Y así, entre el murmullo del mar y el cálido abrazo del viento, Berta y Marcos comenzaron a caminar, dejando atrás una melancolía que había dominado sus corazones. 

Con cada paso, el eco de su amor resonaba más fuerte, recordándoles que aún en la oscuridad, siempre había una luz dispuesta a guiarlos hacia la esperanza.

Pero no llegaron a alcanzar la raya del horizonte,
la inseguridad y las dudas no son buenas compañeras de viaje
y Berta continuó su viaje sola.


miércoles, 6 de marzo de 2019

21 Nostalgia Poema de desamor






vídeo canción

Nostalgia 

Llegan tiempos del ayer y un recuerdo adormecido,
disfrazado de nostalgia, me ataca lanzando un grito.

Y veo al último beso,  escondido en una lágrima,
pidiendo al cielo infinito, que vuelvas con la mañana,
que sin ti mi vida es nula, que sin ti, mi vida es nada.

Sin ti mi vida es baldía, las golondrinas no vienen,
creo que Bécquer mentía, los que se van nunca vuelven.

Quedó mi nido vacío  y siento en el pecho un frío,
que me congela hasta el alma cuando asoman los recuerdos
sobre los pies de mi cama, donde ya... no quedan sueños.

Te fuiste mi amor al alba  y me dejaste a mi suerte,
¿qué daño pude hacer yo, si solo... supe quererte?

Con un dolor que me ciega, maldigo la vida ingrata,
que no respeta la esencia, de las almas que respiran
tan solo con la pasión, del amor y su querencia.

Ya murieron las magnolias que adornaban el balcón,
los geranios se han secado,  han perdido la ilusión.

Echan de menos los besos y el pasear de tus dedos
por mis pechos de algodón y la hierbabuena llora
solitaria en el rincón, al ver mis labios resecos.

¿Por qué te fuiste mi amor?


Nostalgia

Llegan tiempos del ayer
y un recuerdo adormecido
disfrazado de nostalgia
me ataca lanzando un grito.

Y veo al último beso
escondido en una lágrima
pidiendo al cielo infinito 
que vuelvas con la mañana,
que sin ti mi vida es nula,
que sin ti, mi vida es nada.

Sin ti mi vida es baldía
las golondrinas no vienen
creo que Becquer mentía,
los que se van nunca vuelven.

Quedó mi nido vacío
y siento en el pecho un frío
que me congela hasta el alma
cuando asoman los recuerdos
sobre los pies de mi cama

donde ya no quedan sueños.

Te fuiste mi amor un día 
y me dejaste a mi suerte,
¿qué daño pude hacer yo
si solo supe quererte?

Con un dolor que me ciega
maldigo la vida ingrata
que no respeta la esencia
de las almas que respiran
tan solo con la pasión
del amor y su querencia.

Ya murieron las magnolias
que adornaban el balcón
los geranios se han secado
han perdido la ilusión.

Echan de menos los besos
y el pasear de tus dedos
por mis pechos de algodón
y la hierbabuena llora
solitaria en el rincón
al ver mis labios resecos.

¿Por qué te fuiste mi amor?

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Berta estaba sentada en el balcón, un refugio que una vez había sido testigo de sueños y susurros. El viento que ingresaba por los barrotes  parecía traer consigo ecos del pasado, recortes de memorias llenas de fragancia a magnolias y risas que resonaban en las tardes serenas. Hoy, ese mismo viento era portador de un frío invernal que la envolvía y la hacía sentirse más sola de lo que había estado en mucho tiempo.

Llevaba días sin poder rastrear el camino de sus pensamientos, atrapada entre la bruma de los recuerdos que a cada instante se presentaban ante ella, desgarradores y dulces a la vez. Allí estaba, de nuevo, la imagen de él, con su risa cálida como el sol de verano, llenando cada rincón de su vida con palabras de amor y promesas eternas. Su último beso había sido un adiós que aún se manifestaba como una sombra temblorosa en sus labios, escondido tras cada lágrima que se escapaba de sus ojos.

¿Qué daño pude hacer yo, si solo supe quererte? murmuró, consciente de que la vida no otorgaba respuestas, ni consuelo a su quebranto. Sin él, el mundo había perdido su color, su brillo; las golondrinas que solían anidar en el balcón se habían marchado, llevándose consigo las melodías del amor y el eco de la felicidad. A veces, Berta se preguntaba si eso había sido un mero capricho de la naturaleza o un cruel designio del destino, pero un susurro le respondía que Bécquer había mentido: aquellos que se van rara vez regresan.

Las magnolias, antaño protagonistas de su pequeño reino de amor, habían marchitado, dejando su aroma relegado al olvido. Ella miró el jardín muerta de tristeza, los geranios se habían olvidado de florecer, y todo lo que había sido vibrante y vivo se había convertido en polvo. Era un lugar vacante, un nido que un día había sido cálido y pleno de afecto, ahora era solo un reflejo de la desolación.

Así, se sentó en la frías baldosas del balcón, dejando que sus pensamientos se desnudaran; el dolor de la pérdida la consumía, la llenaba de un vacío que nunca antes había conocido. ¿Por qué te fuiste, mi amor?, preguntó al aire, sabiendo bien que no habría respuesta. El eco de su propia voz le resultaba ensordecedor; la soledad se había hecho su compañera, y con cada palabra se sentía más atrapada en la telaraña de su nostalgia.

La hierbabuena, que una vez había sido testigo de sus caricias, ahora lloraba en silencio. A Berta le pareció que todo a su alrededor la miraba con ojos cansados, con compasión, como si el propio universo se hubiese manifestado para recordarle la cruel verdad: que estaba sola. No había palabras de consuelo para un corazón roto, no había batallas que librar, solo un inexorable silencio que la rodeaba.

Así pasaban los días, uno tras otro, llenos de ese vacío que parecía aumentar. La vida continuaba en lo superficial, pero Berta, atrapada en sus recuerdos, lloraba la pérdida de lo que una vez había sido su razón de ser, mientras las sombras de lo que alguna vez fue su amor se deslizaban silenciosas por la habitación. En algún rincón del alma, aún guardaba la esperanza de que algún día, tal vez, volvería a sentir el calor de aquel amor, pero la realidad la mantenía prisionera en una estación de tristeza interminable.


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Nostalgia

(intro)
Llegan tiempos del ayer
y un recuerdo adormecido,
disfrazado de nostalgia,
me ataca lanzando un grito.
...
Y veo al último beso
escondido en una lágrima.
...
Pidiendo al cielo infinito 
que vuelvas con la mañana,
que sin ti mi vida es nula,
que sin ti... mi vida es nada.
...
(verso1)
Sin ti mi vida es baldía,
las golondrinas no vienen,
creo que Becquer mentía
los que se van nunca vuelven.
...
Quedó mi nido vacío
y siento en el pecho un frío
que me congela hasta el alma.
...
Cuando asoman los recuerdos
sobre los pies de mi cama,

donde ya no quedan sueños.
...
(estribillo)
Te fuiste mi amor un día 
y me dejaste a mi suerte,
¿qué daño pude hacer yo
si solo supe quererte?
...
Con un dolor que me ciega,
maldigo la vida ingrata
que no respeta la esencia
de las almas que respiran
tan solo con la pasión,
del amor y su querencia.
...
(verso2)
Ya murieron las magnolias
que adornaban el balcón.
...
Los geranios se han secado
han perdido la ilusión.
...
Echan de menos los besos
y el pasear de tus dedos
por mis pechos de algodón.
...
La hierbabuena solloza
solitaria en el rincón
al ver mis labios resecos.
...
Y... mi corazón pregunta: 
¿Por qué te fuiste mi amor?