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Nunca muere un poeta
*¡Qué torpes! Qué torpes fueron, torpes los que te mataron,
escondieron bien tu cuerpo. ¡Pero sí !¡qué torpes fueron,
que tu voz no la enterraron!
Tañían bajo la aurora guitarras por soleares,
feliz la luna y radiante con su traje de lunares
soñaba en la madrugada ser gitana bailaora,
alrededor de la hoguera.
Los gitanos trasteaban el crujir de las guitarras
mientras las gitanas viejas hacían sonar las palmas
al compás de castañuelas, que sueñan con ser campanas
y por detrás de las tapias los niños correteaban
cantándole al alimón alrededor de las charcas.
Cuando un olivo muy chico, corriendo por la vereda,
(la que sube por la rambla donde se perdió la oveja),
con lágrimas en los ojos subía llorando a gritos,
lo vio la gitana Pepa, la madre de la Carmela ,
-."¿Pero qué pasa payico? ¿a qué vienen esas lágrimas?
ven a mi vera y descansa, dile a esta gitana vieja
el qué es lo que a ti te pasa."
-."Vengo de Fuente Vaqueros, al pasar por el cortijo,
el de la Señá Marquesa, quise tomar un atajo
para ir a ver a la higuera y me la encontré llorando,
las lágrimas le brotaban para llenar un barranco,
vio como se lo llevaban a Federico entre brazos,
dos guardiaciviles secos y paisanos tres o cuatro.
Luego oyó dos tiros gordos hasta las brevas temblaron,
un ¡ay! le salió del alma, los juncos del arroyuelo
levantaron la cabeza y las ranas de la charca
echaron la vista al cielo, como aquel que pierde un sueño.
¡Ay Federico!, ¿qué han hecho? preguntaba un sapo viejo,
mientras la higuera lloraba, ¡lloró también el silencio!"
La Pepa se echo a gritar, -."¡ay madre! ¡nos lo han matao!
¿qué te hicieron Federico? ¡alma de nuestro cantar!"
También la Luna lloraba, lágrimas de mazapán.
-.¿Qué será de los gitanos sin tu alma y sin tu soñar?"
Y hasta el Lucero del alba esa larga madrugada
no se quiso retirar. Y los gitanos templaron,
con una voz lastimera,por seguirillas un llanto
hasta romper sus gargantas.
Rompieron todas las cuerdas con su canto las guitarras,
que con altivez y serias dieron sus últimas notas
en flamenca sinfonía despidiendo así al poeta,
en su viaje hacia la gloria, ¡dónde van las grandes almas!
Allí en el Cielo gitano, Antonio Torres Heredia,
(el del cutis amasado con aceituna y jazmín)
echo mano a la navaja, despanzurrando las nubes,
¡ay mi primo Federico tan pronto ya junto a mí!
Cruces de sangre llovieron por la vega del Geníl...
El diecinueve de agosto, brotó la sangre en la yerba,
el verde del olivar se volvió de color malva.
se heló el fuego de la hoguera, se llenó el cielo de rayos
al tronar de castañuelas.
Currillo el de la Camboria se fue corriendo a la escuela,
para traer los tinteros y llenarlos con la savia
de roja sangre de versos derramada en la barranca,
la que baja entre los cerros donde vivía la Juana.
Los gitanos de las fraguas, echaron chispas al cielo
para acompañar a su alma en el camino a la gloria
y la gitanilla Pepa, (la madre de la Carmela)
alzó al aire las tijeras, jurando venganza eterna.
¡Qué no olvidan los gitanos a quién sus almas camelan!
Rosa la de los Camborios (la de los pechos cortados
y puestos en la bandeja) llora gritando a los cielos,
diciendo al Dios de los payos: "!Dile a los guardiaciviles
y a todo el que no lo sepa que tengan a ciencia cierta,
que nunca, que sepan bien... que nunca muere un poeta!".
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Nunca muere un poeta
*¡Qué torpes! Qué torpes fueron, torpes los que te mataron,
escondieron bien tu cuerpo. ¡Pero sí !¡qué torpes fueron,
que tu voz no la enterraron!
Tañían bajo la aurora guitarras por soleares,
feliz la luna y radiante con su traje de lunares
soñaba en la madrugada ser gitana bailaora,
alrededor de la hoguera.
Los gitanos trasteaban el crujir de las guitarras
mientras las gitanas viejas hacían sonar las palmas
al compás de castañuelas, que sueñan con ser campanas
y por detrás de las tapias los niños correteaban
cantándole al alimón alrededor de las charcas.
Cuando un olivo muy chico, corriendo por la vereda,
(la que sube por la rambla donde se perdió la oveja),
con lágrimas en los ojos subía llorando a gritos,
lo vio la gitana Pepa, la madre de la Carmela ,
-."¿Pero qué pasa payico? ¿a qué vienen esas lágrimas?
ven a mi vera y descansa, dile a esta gitana vieja
el qué es lo que a ti te pasa."
-."Vengo de Fuente Vaqueros, al pasar por el cortijo,
el de la Señá Marquesa, quise tomar un atajo
para ir a ver a la higuera y me la encontré llorando,
las lágrimas le brotaban para llenar un barranco,
vio como se lo llevaban a Federico entre brazos,
dos guardiaciviles secos y paisanos tres o cuatro.
Luego oyó dos tiros gordos hasta las brevas temblaron,
un ¡ay! le salió del alma, los juncos del arroyuelo
levantaron la cabeza y las ranas de la charca
echaron la vista al cielo, como aquel que pierde un sueño.
¡Ay Federico!, ¿qué han hecho? preguntaba un sapo viejo,
mientras la higuera lloraba, ¡lloró también el silencio!"
La Pepa se echo a gritar, -."¡ay madre! ¡nos lo han matao!
¿qué te hicieron Federico? ¡alma de nuestro cantar!"
También la Luna lloraba, lágrimas de mazapán.
-.¿Qué será de los gitanos sin tu alma y sin tu soñar?"
Y hasta el Lucero del alba esa larga madrugada
no se quiso retirar. Y los gitanos templaron,
con una voz lastimera,por seguirillas un llanto
hasta romper sus gargantas.
Rompieron todas las cuerdas con su canto las guitarras,
que con altivez y serias dieron sus últimas notas
en flamenca sinfonía despidiendo así al poeta,
en su viaje hacia la gloria, ¡dónde van las grandes almas!
Allí en el Cielo gitano, Antonio Torres Heredia,
(el del cutis amasado con aceituna y jazmín)
echo mano a la navaja, despanzurrando las nubes,
¡ay mi primo Federico tan pronto ya junto a mí!
Cruces de sangre llovieron por la vega del Geníl...
El diecinueve de agosto, brotó la sangre en la yerba,
el verde del olivar se volvió de color malva.
se heló el fuego de la hoguera, se llenó el cielo de rayos
al tronar de castañuelas.
Currillo el de la Camboria se fue corriendo a la escuela,
para traer los tinteros y llenarlos con la savia
de roja sangre de versos derramada en la barranca,
la que baja entre los cerros donde vivía la Juana.
Los gitanos de las fraguas, echaron chispas al cielo
para acompañar a su alma en el camino a la gloria
y la gitanilla Pepa, (la madre de la Carmela)
alzó al aire las tijeras, jurando venganza eterna.
¡Qué no olvidan los gitanos a quién sus almas camelan!
Rosa la de los Camborios (la de los pechos cortados
y puestos en la bandeja) llora gritando a los cielos,
diciendo al Dios de los payos: "!Dile a los guardiaciviles
y a todo el que no lo sepa que tengan a ciencia cierta,
que nunca, que sepan bien... que nunca muere un poeta!".

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