miércoles, 16 de agosto de 2017

X De dioses de barro y sueños escondidos. Verso libre






La misma arcilla que me creó, 
sembró en mí dioses de barro,
que llenaron de gusanos 
las manzanas de un idílico paraíso.

Llevo en mis pies cenizas 
de millares de corazones carbonizados,
arrastro mis sandalias 
sobre fríos cadáveres de sueños muertos.

Persiguen mis días 
Céfiros ardientes soplando enloquecidos,
cargo sobre mis espaldas 
todas las rocas que Sísifo no arrastró,
nudos gordianos atenazan mi pecho, 
sin un Alejandro que los sepa cortar.

Damocles alzó sobre mí
su gigantesca espada de sangre sedienta,
mis sueños huyeron 
en busca de otros mares, en la barca de Caronte.

Se me negó hasta la ilusión
de bajar por mi misma a los infiernos,
arrancando de cuajo la esperanza, 
de poder encontrar a mi Beatriz.

Quemaron arboladuras y velas de mi barca 
con el ardiente soplo de sus mentiras,
mi alma desmenuzada por los arrecifes 
se perdió en el laberinto de Teseo.

Pediré a Judas dos monedas, 
para poder sobornar al Can Cerbero,
y huir de este oscurecido mundo 
de falsas cuarentenas y cuaresmas,
de los falsos dioses de barro 
que cortaron las alas de mis sueños,
arrancando de raíz las alegrías 
que iban brotando en mi mente infantil,
hundiendo mi corazón en la ciénaga 
donde solo pululan las tinieblas.

A todas aquellas y aquellos que por culpa de absurdos credos, tuvieron que esconder sus sentimientos.

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