miércoles, 5 de diciembre de 2018

L Ciudad Neurótica De poemas con Ángel Blasco






Despierta el ego dormido
en el silencio del monte,
donde los lagartos tiemblan
cuando oyen hablar del hombre.
Solo se escucha un reguero
que tras la noche se esconde
 de las aguas que bajando
por un silencio que absorbe
serpentean cuesta abajo
en busca del horizonte.

El agua en su descalabro
ya va cabalgando al trote,
se dirige río abajo
al pueblo que no responde
a los gritos del silencio
y hasta mi vista se rompe
con lo que vieron mis ojos;
al traspasar el desmonte.

Hombres con alma de perros
ladraban a un vaso atados
en las esquinas del barrio,
mujeres al suelo echadas,
con el rostro amoratado
suplican una caricia
vigilando ensimismadas
con la voz seca en los labios,
en sus ojos la tristeza,
pero en la puerta del bar
piden que nunca les falten
a sus hombres las cervezas.

Más allá hay otras mujeres,
sucias con los pelos rancios.
Mujeres con pelo y lana,
gargantas llenas de sapos
que escupen entre sus dientes
venenos de cuellos largos.

Escupiendo su veneno
hacia el submundo que espera
ver a Vall d´UIxó sufrir,
que él a pulso se ganó
el pasar esta condena.
Los muertos en los barrancos
 se hartaron de ser copiados
y esperan el poder ver
Vall d´Uixó martirizado.

Cada ventana y su puerta
abren nuevo manicomio,
pero en él no habrá cabida
para locos sin cencerro
y a los cuerdos ni se ocurra
solicitar el ingreso.

Policías siempre atentos
saben oler a los cuerdos
 y los persiguen sedientos
de sangre para sus porras
cuesta abajo en esa riada,
que arrastra a los ahogados
que no pudieron salvarse
por no encontrar una tabla
donde poder agarrarse.

La gente ya se refugia
en los muros de locura
para salvarse del miedo
rasgando sus vestiduras
hasta que arañan sus carnes
para que el orden confunda
a locos con miserables.

Tontos no quedan hermano;
ya nadie quiere estar sano,
nadie quiere la cordura,
si para ello hay que tener
atados los pies y manos.

Que nadie, mi amigo, nadie,
nadie puede sentir paz
si hay cadenas que lo atan.
Solo los muertos dominan
las ansias de libertad.

Resucitan a los muertos
con polvo talco en la boca
al llegar la madrugada,
con la lengua almidonada
para no poder hablar
y así negar la razón
a quien lucha por salvar
a Vall de Uxó de las brasas...

Al Ángel en una esquina
le molieron las espaldas
por querer salvar del fuego
a todas aquellas almas
que necesitan de un ángel
que les guíe al mundo nuevo
donde acequias de agua fresca
den verdor a la esperanza.

Buscando amor y cordura
esto fue lo que encontré;
al último  hombre que fue
lógico en Vall d´ Uixó
y en una noche de truenos
por el puente se tiró
en busca de un mundo nuevo
donde hallar hombres de fe
que sepan que amor y sueños
son quien ayudan al hombre
en sus ansias de crecer.

Mientras tanto y en silencio
las barcas van surcando
las Grutas de San José.

Y oigo rugir en sus tumbas
aquellos muertos de mayo,
¿Dónde quedaron los sueños,
que un puñado de valientes
despertaron en Chicago?

¿Y dime Ángel, dónde está
esa sangre derramada?
¡Qué no ha servido de nada!
Sigue el pobre en sus miserias,
sigue el rico en sus calesas
tiradas por ese obrero
que no levanta cabeza.

¿Cuándo un chorro de agua fresca,
caerá sobre la espalda
de aquel que sufre y aguanta
la locura de quien manda.
Veo a los muertos de mayo,
¡de sus tumbas se levantan!

Y ya nos gritan; ¡Cobardes,
por qué permitís la infamia!
¡Alguien ya tiene que alzar,
otra vez el grito al viento!
¡Qué nuestra sangre reclama
haberse perdido en vano!
¡Qué sigue siendo el obrero
el burro que sufre el palo!
¡Qué nadie se olvide nunca
de los muertos de Chicago!

Ángel Blasco y Mercedes Bou Ibáñez

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